No sé en qué momento decidí complicarlo todo y permití que el miedo entrara sin llamar a la puerta. Quizás fue mientras dormía que cogí el teléfono y mandé sin previa reflexión una misiva solicitando que apareciera cuando se le antojara como sólo se antojan los bocadillos de papas, col y pepinillos (no preguntes). Quizás asumí, sin más, que todos los temores se habían disipado y que podría amar sin la conciencia de la pérdida. Y aunque es cierto que la posibilidad de ésta es lo que hace que muchas cosas sean apreciadas, no sé hasta qué punto es necesario que me llore el alma.Y en esta tesitura vislumbro que no me apetece volver a ser un intento de superwoman. Eso jamás. Así que aquí estoy, escudriñándome el alma para entender y endulzar mi temperamento, mis groserías y mi aprensión al ver que te puedes deshacer por aquella que parece, a diferencia de mí, conocer tanto el miedo como para usarlo en su favor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario